• Tres coches, tres épocas y una misma ambición: mantener al león francés entre los grandes nombres de Le Mans.
  • PEUGEOT ha pasado de la libertad técnica de los Grupo C a la era Hypercar manteniendo intacta su apuesta por la innovación.
  • El 905, el 908 y el 9X8 explican más de treinta años de transformación en la resistencia y en la tecnología aplicada al automóvil.

Las cifras 905, 908 y 9X8 pueden parecer una secuencia matemática o un grupo de coordenadas, sin embargo, para PEUGEOT significa gran parte de su exitosa historia en la competición. El recorrido que ha afrontado la firma francesa desde los Grupo C en la década de los noventa, hasta los actuales Hypercars del Campeonato del Mundo de Resistencia FIA, resume a la perfección el avance tecnológico de algunos de los prototipos más prestacionales de la historia, así como la clara diferencia entre los conceptos que han peleado por la gloria de las 24 Horas de Le Mans.

Más de tres décadas de progreso han plasmado en los circuitos de todo el mundo el incesante deseo de desarrollo por parte de los ingenieros y técnicos que trabajan en PEUGEOT Sport, así como la implantación de todas esas ideas en los productos que terminan llegando a las carreteras.

Desde el primer PEUGEOT 205 GTI hace 40 años, hasta el nuevo PEUGEOT E-208 GTi, la gama más deportiva del fabricante de Sochaux ha heredado soluciones y el conocimiento de lo que se ha puesto en pista, recorriendo un camino en el que se ha priorizado el disfrute del conductor al volante de cada uno de los vehículos con genes deportivos de la marca francesa.

El automovilismo no solo ha servido como una forma de conectar con el aficionado, sino que ha permitido que cada nueva entrega sea más innovadora que la anterior, manteniendo el emblema de PEUGEOT en la cúspide del sector automotriz.

Del 905 al 9X8: revolución tecnológica en tres décadas

Los últimos 30 años dentro del mundo de los Sport Prototipos o de la resistencia han sido el perfecto ejemplo de esa gran transformación técnica que ha vivido la industria de la automoción. En la década de los ochenta y principios de los noventa, el mundo vivió todo un estallido en cuanto a la búsqueda de la mejora tecnológica, algo que afectaba tanto al apartado mecánico como al aerodinámico, lo que impulsó una intensa carrera de desarrollo en competición y automoción

Los Grupo C fueron el perfecto ejemplo de ello y la aparición del Peugeot 905 dentro de dicha reglamentación demostró cómo PEUGEOT podía empujar los límites incluso más lejos. PEUGEOT centró gran parte de la década de los ochenta en el mundo de los rallyes y rally-raids, consiguiendo éxitos en prácticamente todo lo que se propuso, desde el WRC con el PEUGEOT 205 T16, así como posteriormente su versión Grand Raid en el Rally Dakar o su sucesor, el 405 T16 que no solo compitió en los desiertos africanos más duros, sino que también escaló por encima de los 4.000 metros para conquistar la cumbre de la subida al Pikes Peak.

Tras demostrar la capacidad de sus modelos a la hora de dominar hasta el terreno más duro lejos del asfalto, la transición natural era la de dar el salto a los circuitos, algo que realizó ya en la década de los noventa, en los últimos años de los Grupo C, dentro a su vez de la conocida como normativa de los 3.5 litros. La estructura liderada por Jean Todt contó con grandes activos en todos los apartados, con André de Cortanze en la dirección técnica, Robert Choulet en aerodinámica y Jean-Pierre Boudy para el desarrollo del motor. Por su parte, el fabricante francés de aviones Dassault, se encargó de todo lo relacionado con la construcción del chasis.

Surgía el PEUGEOT 905, un prototipo visceral que ocultaba bajo su sinuosa silueta un espectacular motor V10 atmosférico de 3,5 litros y 40 válvulas capaz de desarrollar unos 640 CV a 12.500 rpm con un peso de apenas 750 kg. Era prácticamente el cénit dentro de la competición en aquellos años, llevando al máximo de sus posibilidades la tecnología vigente, consiguiendo combinar un prototipo potente, muy ligero gracias a la utilización de la fibra de carbono y una formidable eficiencia que le dio ventaja en una era de grandes bloques mecánicos.

De la mano de la iteración 905B llegaría en las 24 Horas de Le Mans de 1992 la primera victoria de PEUGEOT en las 24 Horas de Le Mans, uno de los grandes hitos de la compañía. Para entonces, PEUGEOT ya había conquistado el Mundial de Rallyes y ganado el Dakar hasta en cuatro ocasiones consecutivas entre 1987 y 1991. Dos triunfos en La Sarthe consecutivos lograron que la leyenda de la marca en competición fuera incluso más grande.

El Peugeot 908 HDi FAP: el prototipo que llevó la innovación al límite

Tras unos años ausente de la resistencia después de un breve paso por la Fórmula 1 como motorista, Peugeot Sport optó por regresar ya en plena etapa de los LMP1 a la pelea por Le Mans. Eran años de libertad absoluta en materia de desarrollo de unos prototipos que tecnológicamente no estaban demasiado alejados de los monoplazas de Fórmula 1.

Este margen en cuestión técnica permitió a los fabricantes explorar nuevos escenarios y hacer innovaciones extremas en el que sigue siendo considerado como el mejor laboratorio de pruebas del mundo: la competición.

De esta forma nació el Peugeot 908 HDi FAP LMP1, seguramente el prototipo más radical de la historia de la compañía, empleando un excepcional bloque V12 biturbo diésel de 5,5 litros abierto a 100 grados, capaz de superar los 730 CV para aproximadamente 930 kg de peso total del conjunto. Anthony Davidson, uno de los pilotos del equipo con pasado en la Fórmula 1, llegó a describirlo como un prototipo que podía conducirse “como un Fórmula 1 con depósito lleno, e incluso un poco más”.

Las batallas con Audi a finales de la primera década del siglo XXI no solo aportaron esa emoción irrefrenable para todos los aficionados que siguieron fielmente cada una de las entregas de las 24 horas, sino que llevaron el desarrollo tecnológico a otro nivel, con Peugeot anotándose su tercera victoria en Le Mans en el año 2009, con Marc Gené acompañado por Alex Wurz y David Brabham en lo más alto del podio.

Del dominio tecnológico de los LMP1 a la revolución Le Mans Hypercar

El tercer capítulo de la era prototipos de Peugeot en Le Mans ha llegado de la mano del PEUGEOT 9X8 Hypercar, ya bajo una normativa ideada por ACO y FIA que buscó reducir costes y atraer nuevos fabricantes para crear la que es considerada como la gran era dorada de la resistencia moderna.

La normativa Le Mans Hypercar nació para eso, con una reglamentación que estaba basada en el Balance of Performance, así como los desarrollos limitados tanto en materia mecánica como en el apartado aerodinámico. Esta situación, lejos de ser un techo de cristal para los fabricantes, incentivó que cada equipo técnico diera lo mejor de sí mismo para lograr unos Le Mans Hypercar que sacaran el máximo partido al marco regulatorio establecido.

Nacía de esta forma el Peugeot 9X8, un nombre que implicaba el homenaje a sus dos predecesores y su intención de seguir con el linaje victorioso. El 9 mantenía la referencia tanto al 905 como al 908, mientras que el 8 era la forma de unir sus lazos con el 908 LMP1 y la X representaba que estábamos frente a un modelo con tracción total, una de las grandes características de la normativa LMH gracias a los trenes motrices híbridos.

Peugeot creaba para la ocasión el denominado Hybrid4, una tecnología que asociaba un motor V6 de 2,6 litros biturbo de gasolina de 500 kW (680 CV), situado en la parte trasera, con uno eléctrico de 200 kW fijo en la parte delantera. El peso mínimo ascendía a los 1.030 kg, siendo modificado según el BoP, lo que suponía que estábamos hablando de casi 300 kg más respecto a un Grupo C.

La evolución aerodinámica experimentada en los últimos 30 años, los cambios en materia de suspensiones, neumáticos, frenos, electrónica y la disponibilidad de tracción total a partir de 190 km/h gracias a la utilización del motor eléctrico, han permitido que el PEUGEOT 9X8 logre un nivel de prestaciones notable dentro del marco reglamentario actual. Esto ha sido posible gracias a un mayor paso por curva y su gran capacidad de frenada.

En conjunto, los tres Peugeot resumen más de treinta años de desarrollo en el mundo de la resistencia. El 905 fue la elegancia ligera de la transición entre Grupo C y Fórmula 1; el 908 representó el cénit tecnológico de los LMP1; y el 9X8 encarna una nueva era donde sostenibilidad, control de costes e igualdad deportiva pesan tanto como la velocidad pura. Tres coches muy distintos, unidos por una misma ambición: mantener al león francés en la lucha por la victoria absoluta en las 24 Horas de Le Mans