- Se esperan lluvias muy intensas, granizadas y vendavales, que pueden afectar a puntos de Extremadura, Comunidad de Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Zaragoza, Navarra, País Vasco, Galicia y Andalucía.; que pueden afectar a la seguridad vial en este Puente de Mayo.
- Explicamos cómo se forma el granizo, cuándo y dónde se produce y algunas curiosidades de este fenómeno atmosférico.
- Carglass España® ha elaborado una guía con 10 consejos de conducción y protección del vehículo si nos sorprende una granizada.
La presencia de dos DANAs va a provocar que en las próximas horas crezcan con fuerza las tormentas en amplias zonas de España. Se esperan lluvias muy intensas, granizadas y vendavales, que pueden afectar a puntos de Extremadura, Comunidad de Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Zaragoza, Navarra, País Vasco, Galicia y Andalucía.; que pueden afectar a la seguridad vial en este Puente de Mayo.
El granizo tiene un impacto directo tanto en la seguridad vial como en la integridad del vehículo. Su caída puede reducir drásticamente la visibilidad, comprometer la adherencia y obligar a maniobras de emergencia, mientras que los impactos sobre la carrocería y, especialmente, sobre el parabrisas y las lunas, pueden generar daños estructurales inmediatos o microfisuras que evolucionan con el tiempo y provocan una rotura. Ante este escenario, la conducción requiere máxima precaución y anticipación, y la protección del vehículo se convierte en un factor clave para minimizar daños y garantizar la seguridad.
¿Cómo forma el granizo?
El granizo es una precipitación sólida constituida por esferas o fragmentos de hielo de más de 5 milímetros de diámetro, que se originan en el interior de nubes de tormenta de gran desarrollo vertical, conocidas como cumulonimbos. Su mecanismo de formación se inicia con una fase de nucleación, en la que una partícula microscópica —como polvo atmosférico o un pequeño cristal de hielo— actúa como núcleo inicial. Las fuertes corrientes ascendentes propias de las tormentas elevan dicha partícula hacia zonas de la nube con temperaturas bajo cero, donde, las gotas de agua sobreenfriada —líquidas pese a estar por debajo de 0 °C— se adhieren al núcleo y se congelan de forma inmediata.
El crecimiento del granizo se produce mediante ciclos repetidos dentro de la nube: el embrión de hielo asciende impulsado por las corrientes convectivas, desciende parcialmente cuando pierde velocidad, vuelve a ser elevado y, en cada uno de estos trayectos, incorpora nuevas capas de hielo. Este proceso puede repetirse múltiples veces, dando lugar a una estructura estratificada. Finalmente, cuando el peso del granizo supera la fuerza de las corrientes ascendentes, la partícula precipita hacia el suelo.
Para que este fenómeno se produzca son necesarios varios factores clave: la existencia de corrientes ascendentes, un elevado contraste entre aire cálido en superficie y aire frío en altura, un nivel de congelación relativamente bajo y la presencia abundante de agua sobreenfriada. No todo el granizo que se forma en las nubes llega a caer al suelo, la cantidad que llega depende del equilibrio entre las corrientes ascendentes y las condiciones del aire en su descenso.
¿Cuándo y dónde se produce?
El granizo se produce principalmente en primavera y verano, estaciones en las que se dan con mayor frecuencia las condiciones de inestabilidad necesarias. Es especialmente habitual en episodios tormentosos intensos y de rápida evolución.
Desde el punto de vista geográfico, es más frecuente en latitudes medias continentales y en regiones donde coinciden fuertes contrastes térmicos y elevada actividad convectiva. En España, aunque su aparición es irregular, los registros meteorológicos y la recurrencia de episodios indican una mayor incidencia en el valle del Ebro —incluyendo Aragón, Navarra y La Rioja—, el interior de Cataluña, especialmente en Lleida, la Meseta Norte en Castilla y León, así como en el Sistema Ibérico y áreas prelitorales mediterráneas. Estas zonas comparten condiciones favorables como una elevada insolación, la presencia de aire frío en altura y una orografía que favorece el desarrollo de tormentas convectivas.
Datos curiosos sobre el granizo
El tamaño del granizo es uno de sus aspectos más variables. Se considera granizo a partir de diámetros superiores a 5 milímetros, mientras que los tamaños capaces de provocar daños materiales suelen situarse entre los 2 y los 4 centímetros, equivalentes aproximadamente al de una pelota de golf. En casos extremos se han registrado granizos de hasta 20 centímetros de diámetro y más de un kilogramo de peso.
Durante su formación, el granizo puede ascender y descender varias veces dentro de la nube antes de precipitar definitivamente. Cada uno de estos ciclos contribuye a añadir nuevas capas de hielo, incrementando su tamaño y complejidad estructural.
En su interior, el granizo presenta una estructura en capas concéntricas, similar a la de una cebolla. Estas capas reflejan los distintos ciclos de crecimiento dentro de la nube y alternan entre hielo transparente —formado por congelación rápida de agua líquida— y hielo opaco, que contiene pequeñas burbujas de aire.
La velocidad de caída del granizo viene determinada por la fuerza de la gravedad y la resistencia aerodinámica. Un granizo de aproximadamente 1 centímetro puede alcanzar velocidades cercanas a 9 metros por segundo (unos 32 km/h), mientras que piezas de gran tamaño, en torno a los 8 centímetros, pueden caer a velocidades próximas a 48 metros por segundo, equivalentes a 170 km/h.
En cuanto a su forma, el granizo no siempre es perfectamente esférico. Puede presentar formas irregulares como consecuencia de trayectorias inestables dentro de la nube y de procesos de congelación no uniformes.
10 consejos si nos sorprende una granizada
Desde Carglass® España queremos ofrecer una serie de consejos a los conductores ante una situación de granizo mientras conducen
1. Mantener la calma
Las granizadas suelen producirse de forma repentina y pueden sorprender al conductor. El impacto constante del granizo sobre los cristales y la carrocería genera un elevado nivel de ruido que incrementa la tensión y el nerviosismo dentro del vehículo, pudiendo incluso provocar miedo, especialmente en los niños. Este aumento de estrés afecta directamente a la capacidad de reacción y eleva el riesgo de accidente, por lo que es fundamental mantener la calma, conservar el control y actuar con la máxima serenidad posible.
2. Cómo conducir
Durante una granizada, la conducción debe ser especialmente conservadora. Es imprescindible reducir la velocidad de forma progresiva, sin frenazos bruscos, aumentar la distancia de seguridad y evitar cualquier maniobra repentina. El granizo puede comportarse como pequeñas esferas que reducen la adherencia —similar al efecto de canicas sobre el asfalto— y, además, enfría la superficie del neumático, disminuyendo aún más el agarre. La visibilidad también puede verse comprometida, por lo que se deben mantener encendidas las luces de cruce y conducir con máxima atención al entorno.
3. Visibilidad y estrategia visual
La reducción de visibilidad por la precipitación obliga a adoptar una estrategia visual más activa. Es habitual que el conductor tienda a fijar la mirada en puntos cercanos, lo que reduce la capacidad de anticipación; por ello, es clave elevar la mirada y observar a mayor distancia para ampliar el campo visual y mejorar el tiempo de reacción. En condiciones de baja visibilidad, especialmente de noche, conviene apoyarse en las luces de los vehículos precedentes para interpretar el trazado de la vía y detectar posibles incidencias. También es fundamental vigilar el entorno, en particular vehículos pesados como camiones o autobuses, que pueden generar grandes salpicaduras. Si se produce una pérdida momentánea de visibilidad, no se debe frenar bruscamente: hay que mantener la trayectoria con suavidad hasta recuperar visión.
4. “Leer” el asfalto
El estado del asfalto aporta información clave sobre la adherencia. Es necesario identificar charcos o acumulaciones de agua que puedan provocar acuaplaning, así como interpretar el comportamiento de la superficie: un asfalto más claro y brillante, que refleja la luz, suele ofrecer menor agarre que uno más oscuro y mate. Esta lectura permite anticipar riesgos y adaptar la conducción en consecuencia
5. Dónde parar o buscar refugio
Si la intensidad de la granizada o la pérdida de visibilidad impiden conducir con seguridad, lo más recomendable es detenerse en un lugar seguro y esperar a que remita. Deben priorizarse espacios protegidos como garajes, estaciones de servicio o zonas cubiertas. En carretera, es fundamental evitar arcenes con baja visibilidad y no detenerse bajo puentes en vías con tráfico, ya que pueden generar situaciones de riesgo por frenadas bruscas y acumulación de vehículos. Hasta encontrar un lugar adecuado, se debe avanzar con cautela, alternando la mirada al frente con referencias laterales como las líneas de la calzada.
6. Cómo orientar el coche al detenerse
Una vez detenido, se aconseja orientar el vehículo con el frontal hacia la dirección de caída del granizo. El parabrisas está diseñado con mayor resistencia estructural que otras superficies del vehículo, por lo que ofrece una mejor protección frente a impactos directos.
7. Mantenerse dentro del coche
Durante una granizada es fundamental permanecer dentro del vehículo y evitar salir mientras la caída sea intensa. El coche actúa como una barrera de protección frente a impactos que, en episodios severos, pueden alcanzar velocidades elevadas y causar lesiones. Además, abandonar el vehículo en estas condiciones incrementa el riesgo de atropellos, resbalones, desorientación por la baja visibilidad o exposición directa a los impactos del hielo. El habitáculo, especialmente con los cinturones abrochados, es el entorno más seguro hasta que el fenómeno pierda intensidad.
8. Sin miedo a la rotura del parabrisas
Uno de los principales temores es la posible rotura del parabrisas; sin embargo, en caso de producirse, no supone un riesgo inmediato para los ocupantes, ya que el vidrio está diseñado para no fragmentarse hacia el interior, impidiendo la entrada de granizo o fragmentos. Es clave no dejarse llevar por el ruido o la preocupación por los daños, ya que esta distracción puede comprometer la conducción. Mantener la calma y la atención en la vía sigue siendo la prioridad.
9. Cómo proteger el coche si está aparcado en la calle
Si el vehículo se encuentra estacionado en la vía pública y no es posible resguardarlo en un garaje o zona cubierta, se pueden aplicar medidas de protección básicas para minimizar los daños. Colocar elementos como mantas, alfombrillas o fundas protectoras sobre las zonas más expuestas —principalmente techo, capó y, si es posible, el parabrisas— ayuda a amortiguar el impacto del granizo. Es importante fijarlos correctamente para evitar que el viento los desplace y asegurarse de no comprometer la seguridad del entorno. Aunque estas soluciones no eliminan el riesgo, pueden reducir significativamente los daños en la carrocería y las lunas.
10. Revisar el vehículo tras la granizada
Tras una granizada, es fundamental revisar el estado de las lunas del vehículo. Si no se repara a tiempo, un pequeño impacto en el parabrisas puede convertirse en una grieta debido a cambios de temperatura, vibraciones o tensiones estructurales del vehículo. Carglass® recomienda reparar el parabrisas antes que sustituirlo siempre que se den las condiciones adecuadas (que se encuentre a más de 2,5 cm del borde del parabrisas, que su diámetro no supere el tamaño equivalente a una moneda de 2€ y que no esté situado en el campo de visión del conductor), ya que un cristal reparado recupera su resistencia original.