Alberto de Aza, Country Manager de BYD España, invitado en el Best of Belron de Carglass defendió que la marca china no quiere ser solo un nuevo fabricante de coches, sino una compañía tecnológica capaz de cambiar los ritmos tradicionales de la industria. Su mensaje fue claro, el automóvil del futuro ya se está construyendo hoy, con software, conectividad, electrificación y una velocidad de innovación inédita.

  • BYD ha pasado en España de apenas 600 matriculaciones en 2023 a más de 25.000 unidades en 2025, según explicó Alberto de Aza durante su intervención.
  • La compañía presume de contar con más de 120.000 ingenieros dedicados a innovación y de invertir alrededor del 8% de sus ingresos operativos en I+D.
  • La futura producción europea en Hungría será uno de los grandes hitos de BYD en Europa, coches fabricados, diseñados y suministrados desde el propio continente.

La industria del automóvil vive uno de los momentos más intensos de transformación de su historia reciente. Cambian los mercados, cambian las expectativas de los clientes, cambian los modelos de venta y cambian también los protagonistas. En ese escenario, Alberto de Aza, Country Manager de BYD España, aprovechó su intervención para explicar cómo ve la marca china el futuro inmediato del sector y por qué considera que los nuevos fabricantes están obligando a toda la industria a moverse a otra velocidad. Su tesis principal fue directa: “el automóvil ya no puede evolucionar al ritmo de los ciclos tradicionales. En la automoción tradicional, la innovación se mueve muchas veces muy despacio. En BYD, nuestro ADN es la velocidad”, señaló. Para De Aza, esa velocidad no se limita a crecer rápido o a lanzar nuevos modelos con agilidad, sino a escuchar al cliente y responder sin esperar ciclos de tres, cuatro, cinco u ocho años. “Hoy eso no es factible. No es aceptable. Es demasiado lento”, afirmó.

BYD se presenta, en este sentido, como mucho más que una marca de coches. De Aza insistió en que la compañía debe entenderse como una empresa tecnológica que construye vehículos, baterías, sistemas de almacenamiento, soluciones energéticas y ecosistemas completos alrededor de la movilidad sostenible. “Somos una tech company que ya está construyendo hoy los coches del futuro”, resumió. Uno de los puntos centrales de su intervención fue la integración vertical. Frente al modelo tradicional, basado en múltiples proveedores, componentes y softwares que deben encajar entre sí, BYD defiende una arquitectura propia. “Nosotros lo hacemos al revés, diseñamos el software y alrededor de él construimos el hardware”, explicó. Según De Aza, esa capacidad permite trabajar con “un único lenguaje” entre software, electrónica, conectividad, batería, propulsión y experiencia de usuario. Esa filosofía se traduce en una conectividad que BYD considera parte esencial del vehículo, no un extra. Los coches de la marca pueden recibir actualizaciones remotas, mejorar funciones después de la entrega y añadir nuevas capacidades sin pasar por el taller. “La conectividad no es opcional. Es el centro de la experiencia que el cliente va a sentir en un BYD”, aseguró.

El directivo vallisoletano al frente de la marca china en España también destacó tecnologías como el Vehicle to Load, que permite al coche actuar como una fuente de energía móvil. Para BYD, este tipo de soluciones son un ejemplo de cómo el automóvil empieza a integrarse en un ecosistema más amplio, donde el vehículo deja de ser solo un medio de transporte para convertirse en una pieza conectada con la generación, el almacenamiento y el uso inteligente de la energía. La dimensión industrial fue otro de los grandes argumentos de la ponencia. De Aza recordó que para ser global hay que ser también local. En este punto, subrayó la importancia de la futura fábrica de BYD en Hungría, que deberá convertirse en un hito para la marca en el mercado europeo. Según explicó, a final de trimestre la planta comenzará a producir coches para Europa, “fabricados por europeos, diseñados por europeos y, por supuesto, suministrados por europeos”. El crecimiento comercial de BYD en la Península Ibérica fue presentado como una prueba de esa velocidad. En España, la marca ha pasado de unas 600 matriculaciones en 2023, tras su lanzamiento en el último trimestre de aquel año, a superar las 25.000 unidades en 2025. En Portugal, el salto también ha sido muy notable, de unas 400 unidades a más de 6.000, hasta situarse como número uno en el mercado de vehículos enchufables, según los datos compartidos por De Aza. “Son solo números, pero hay que imaginar lo que hay detrás, logística, desarrollo de producto, satisfacción del cliente… en un periodo tan corto de tiempo”, señaló. Para el responsable de BYD en España, ese crecimiento refleja la capacidad de la compañía para ejecutar con rapidez en todos los frentes, producto, red, distribución, posventa y adaptación a las necesidades del mercado.

De Aza quiso recordar que el automóvil sigue siendo también emoción, diseño, velocidad y pasión. “Nuestro gran punto fuerte es la racionalidad, pero también somos apasionados de los coches”, afirmó. Como ejemplo de esa ambición mostró el Yangwang U9 Xtreme, el superdeportivo eléctrico de la marca de lujo de BYD, con 3.000 CV, una velocidad máxima cercana a los 500 km/h y un registro por debajo de los siete minutos en Nürburgring. “No es un prototipo. Es un coche que se puede comprar”, bromeó el directivo, antes de añadir que estaba “preparado para aceptar pedidos allí mismo”.
El cierre de su intervención sirvió para ampliar todavía más el enfoque. BYD no se ve únicamente como un fabricante de vehículos eléctricos, sino como un actor capaz de conectar energía solar, almacenamiento, movilidad, soluciones para el hogar inteligente, aplicaciones comerciales y sistemas industriales a gran escala. “Conectamos generación de energía, almacenamiento y movilidad”, explicó De Aza. Esa visión resume la ambición de la compañía, como democratizar la movilidad sostenible haciendo accesible la tecnología avanzada, no solo para quienes pueden pagarla en los segmentos más altos del mercado. BYD quiere jugar en Europa como fabricante local, como compañía tecnológica y como uno de los grandes aceleradores de la transición hacia una movilidad más inteligente, conectada y sostenible.