Una amplia sonrisa, hoyuelos en las mejillas y unos ojos entrecerrados. Si cerramos los ojos, es imposible no imaginarnos así a Alex Zanardi. También, claro, con un mono puesto. Da igual si era el de Fórmula 1, el del equipo Ganassi o el mono italiano de handbike. Que fuera con cuatro o tres ruedas, importa aún menos. Porque tipos como él —por parafrasear a un famoso cantautor de Nueva Jersey—, para bien o para mal, han nacido para correr.

Alex Zanardi ha fallecido. Suena extraño decirlo. Aunque, sin duda, duele más imaginarlo y tener que aceptar la realidad. Se ha ido un día de primavera, cuando los colores, los aromas y las promesas de un verano que se avecina estallan en toda su inevitabilidad. Un día poco común, porque el 1 de mayo, para el mundo del motor, desde 1994, ya no es una fecha cualquiera. Y mucho menos ahora.

Pero lo que es fuera de lo común es la historia de Zanardi, un chico boloñés nacido en 1966 y que vivió en Castel Maggiore. Dio sus primeras vueltas en karts a los 14 años, y luego vino un rápido ascenso hacia los monoplazas. En 1988 corrió en la F3 italiana, en 1991 en la Fórmula 3000 y, en 1991 tuvo la primera toma de contacto con la Fórmula 1, con Jordan. Debutó en el Gran Premio de España, terminando noveno en carrera, y repitiendo el resultado en Australia. Al año siguiente estuvo en Minardi para algunas carreras, y siguió en Lotus en el bienio 1993-1994.

«América está lejos, al otro lado de la luna«, decía Lucio Dalla. Pero el sueño de la bandera estadounidense consagró a Alex. En 1995, Zanardi firmó con Ganassi y comenzó su aventura en Estados Unidos, donde lograría dos títulos de la CART (la actual IndyCar). La misma categoría que lo situó ante la primera, enorme, encrucijada de su vida.

El 15 de septiembre de 2001, en Lausitzring (Alemania), a 13 vueltas del final, Alex Zanardi perdió el control de su monoplaza al salir de boxes debido a la presencia de líquidos en la trazada. El coche cruzó la pista tras dar una vuelta de campana y fue embestido por el de Alex Tagliani. En el impacto, el corredor italiano perdió las piernas. Su estado parecía desesperado de inmediato y, a pesar del alto riesgo de muerte por haber perdido una enorme cantidad de sangre, logró salir adelante.

En el hospital de Berlín, donde había sido ingresado en estado crítico, el capellán de la IndyCar le administró la extremaunción, pero Alex resistió. Seis semanas de hospitalización, quince operaciones: Zanardi regresó a casa para emprender el proceso de rehabilitación. Un milagro. O quizá solo las ganas de no rendirse, de no ceder. Cualidades que siempre han formado parte del bagaje del chico de Castel Maggiore.

Al igual que la ironía. La misma que utilizó en la fiesta de los Caschi d’Oro de la revisa Autosprint, en la que, tras levantarse de la silla de ruedas, pocas semanas después del accidente, dijo en el escenario: «Hacía mucho tiempo que no me emocionaba tanto. Estoy tan emocionado que me tiemblan las piernas«. Hubo lágrimas, risas y aplausos para un chico envuelto en un austero traje gris, pero cuyos ojos eran capaces de decir todo lo que no comunicaba con palabras.

A partir de ahí, una nueva vida, una nueva carrera deportiva. Obviamente, con ruedas que girar a su alrededor. Tuvo una inclusión en los coches de carreras, en el Mundial de Turismo. Pero lo que tomó verdaderamente el relevo es el handbike. Disputó la maratón de Nueva York, luego los Mundiales y los Juegos Paralímpicos de Londres, donde ganó dos oros y una plata. Otro triunfo. Cuando Zanardi decidía que algo era suyo, nadie le hacía sombra.

Luego, la vida de Alex se enfrentó a otra encrucijada. El 19 de junio de 2020, mientras competía con otros atletas paralímpicos en handbike, Zanardi perdió el control de su vehículo, invadiendo el carril contrario justo cuando se acercaba un camión. El impacto inevitable causó al ex piloto lesiones muy graves.

Su posterior ingreso en el hospital policlínicom de Santa Maria alle Scotte fue fundamental para tratar las lesiones sufridas. Afrontó varias operaciones delicadas y un traslado a un hospital de Padua. A finales de diciembre de 2021, volvió a casa, pero no de forma permanente. Primero, pasó por un ciclo de tratamientos en Rávena; luego, llegó el regreso definitivo, a finales de septiembre de 2022. Desde entonces, hubo un gran y comprensible silencio sobre su estado, hasta llegar a este sábado, 2 de mayo, con la terrible noticia de su fallecimiento a los 59 años.

«Es con profundo dolor que la familia comunica el fallecimiento de Alessandro Zanardi, ocurrido de forma repentina en la tarde de ayer, 1 de mayo«, reza el comunicado difundido por la familia de Zanardi en las redes sociales.

«Alex falleció serenamente, rodeado del cariño de sus seres queridos. La familia agradece de corazón a todos aquellos que en estas horas están mostrando su cercanía, y pide que se respete su dolor y su privacidad en este momento de duelo. La información relativa al funeral se comunicará más adelante».

Dicen que leer muchos libros es vivir miles de vidas diferentes en una sola. Pero si hay un hombre que ha sabido plasmar todo esto sin perderse necesariamente entre miles de páginas, ese ha sido Alessandro Zanardi. Todo ello con fuerza, con valentía y sí, también con dolor. Pero mostrando a la gente esa sonrisa que tanto hemos amado y que todos aquellos que le han seguido en sus hazañas, y que han sacado fuerza de sus gestas, seguirán teniendo muy presente. A veces, los pequeños gestos cambian el día. A veces, la vida. Y estamos seguros de que Alex, gracias a su valentía y a través de sus hazañas, ha cambiado muchas.

Vía – Motorsport.com