Hay pilotos que miden su carrera en contratos y otros que la miden en las cicatrices que dejan sobre el asfalto y la grava. La relación de Carlos Sainz con Ford pertenece a esta segunda categoría: casi cuatro décadas de idilio forjadas a base de victorias épicas contra pronóstico y una obsesión casi enfermiza por la perfección técnica.

Con motivo del Rally de Asturias Histórico: Carlos Sainz Tribute —donde el bicampeón español vuelve a ajustarse el casco para medirse al cronómetro sobre el asfalto asturiano—, abrimos el cuaderno de notas de carreras para revivir, máquina a máquina, los coches de Ford que marcaron la vida de nuestro piloto más universal.

Carlos Sainz y Ford, monoplazas antes que rallys

El romance entre Carlos Sainz y Ford huele a tierra, barro, cunetas y tramos. Sin embargo, mucho antes de que el bramido del Sierra RS Cosworth retumbara en 1987, la historia de Carlos Sainz y Ford comenzó a escribirse con mono de circuitos.

A finales de 1983, tras proclamarse campeón nacional de promoción, un jovencísimo Carlos viajó a Brands Hatch para representar a España en el célebre Formula Ford Festival, alcanzando los cuartos de final entre los mejores talentos de monoplazas del planeta.

Aquella velocidad no pasó desapercibida para el óvalo azul: en 1984, Ford España le confió un programa en el Campeonato de España de Turismos al volante de un Ford Escort XR3 con el que cosechó podios en trazados como Calafat y Toledo, al tiempo que cruzaba el Canal de la Mancha para medirse en la Fórmula Ford 2000 Británica con un Reynard de motor Ford.

Los circuitos pulieron su rigor al volante, pero las cunetas ya reclamaban a quien estaba destinado a cambiar la historia de los rallys.

Ford Sierra RS Cosworth (1987-1988): La forja de un campeón

A finales de los 80, tras la abrupta supresión del Grupo B, el automovilismo se reinventaba en el Grupo A. Ford apostó por el imponente Sierra RS Cosworth: un motor 2.0 turboalimentado de más de 200 CV que enviaba toda la furia exclusivamente a las ruedas traseras. En un momento en el que la tracción integral de sus rivales parecía obligatoria, meter aquel coche grande en las curvas estrechas exigía un contravolante quirúrgico.

Fue precisamente al volante del Sierra con los colores de Ford España donde el talento de Carlos Sainz explotó de manera incontestable. Acompañado primero por Antonio Boto y después por Luis Moya, Carlos conquistó de forma consecutiva los Campeonatos de España de Rallyes de Asfalto de 1987 y 1988.

Pero el verdadero impacto llegó en sus apariciones mundialistas: frente a los especialistas nórdicos y los coches de tracción total, aquel joven madrileño comenzó a marcar tiempos de referencia en pruebas tan complejas como Portugal, Córcega o el RAC de Gran Bretaña. El Sierra fue el coche escuela que demostró a los jefes de equipo internacionales que en España había un piloto plenamente capacitado para pelear por la corona absoluta.

Ford RS200 (1987-1988): La fiera del Grupo B en la tierra y la semilla del Dakar

El paso de Carlos por el salvaje Grupo B de Ford es uno de los capítulos más fascinantes y apasionantes de su carrera deportiva. Tras la prohibición de estos monstruos en el Mundial, Ford España y Purolator pusieron en manos de Carlos el mítico Ford RS200: motor central turboalimentado Cosworth de más de 400 CV, chasis de fibra de vidrio y tracción total.

Mientras dominaba el asfalto nacional con el Sierra, Carlos pilotó el RS200 en el Campeonato de España de Rallyes de Tierra, firmando actuaciones memorables y victorias incontestables como la del Rally RACE Madrid de 1987.

Pero la gran anécdota histórica llegaría en el verano de 1988: Carlos inscribió el RS200 en la Baja Montesblancos (la mítica Baja Aragón). Mucho antes de que el desierto africano o las dunas de Arabia Saudí consagraran a Carlos con cuatro victorias en el Dakar, su bautismo de fuego con una prueba de resistencia todoterreno fue domesticando esta bestia del Grupo B en el polvo aragonés.

Aquel coche le dejó una huella imborrable. Años más tarde, cuando en una entrevista le propusieron diseñar sobre el papel su «coche de rally perfecto» tomando componentes de todos los que había conducido a lo largo de su trayectoria deportiva, Carlos no titubeó un segundo: «Para el chasis y el cambio tendría dudas, pero el motor elijo sin pensarlo el del Ford RS200 de Grupo B».

Ford Escort RS Cosworth y Escort WRC (1996-1997): El alerón que marcó época

En 1996, convertido ya en una superestrella consagrada del Mundial, Carlos Sainz regresó a Ford. La montura era un icono absoluto del automovilismo: el Escort RS Cosworth. Aunque heredaba elementos mecánicos contrastados del Sierra, el Escort presentaba unas cotas mucho más compactas, tracción a las cuatro ruedas y una aerodinámica inconfundible gobernada por su gigantesco alerón trasero de doble plano. Era un coche ágil, agresivo y carismático que decoraba las carpetas escolares de toda una generación.

En sus dos temporadas con el Escort, junto a Luis Moya, Carlos exprimió al máximo el potencial del Escort sumando tres victorias de leyenda en el Campeonato del Mundo de Rallyes:

1.- Rally de Indonesia 1996 (Escort RS Cosworth): Una de las carreras más agónicas de su vida. La jungla recibió a la caravana con un calor sofocante, humedad extrema y un monzón que convirtió las pistas en trampas de barro.

Carlos compitió mermado físicamente y combatiendo la deshidratación, sobreponiéndose primero a una rotura en la caja de cambios que le dejó sin tercera ni cuarta marcha y cuidando después amortiguadores maltrechos en mitad de la selva para firmar un triunfo colosal.

Aquel día no solo logró su primera victoria mundialista con Ford, sino que rubricó la última victoria en la historia del Escort RS Cosworth de Grupo A en el WRC.

2.- Rally Acrópolis 1997 (Escort WRC): En el primer año de M-Sport gestionando el equipo oficial de fábrica, el Mundial visitó el terreno más demoledor del calendario: Grecia. Con piedras capaces de partir trapecios de suspensión y polvo que cegaba el parabrisas, Carlos ejecutó un rally tácticamente impecable, liderando un doblete histórico para Ford por delante de su compañero Juha Kankkunen. Malcolm Wilson describiría aquel triunfo como el momento más emotivo y gratificante de sus inicios como director de equipo.

3.- Rally de Indonesia 1997 (Escort WRC): La confirmación de su idilio con las pistas asiáticas. Carlos repitió triunfo en la selva indonesia —convirtiéndose en el único piloto en ganar allí en la historia del Mundial— tras sobreponerse a los abandonos de rivales como Colin McRae y Tommi Mäkinen y batir en un agónico duelo final a su propio compañero Juha Kankkunen por apenas 16 segundos, firmando un nuevo e histórico doblete para Ford.

Ford Focus WRC (2000-2002): La revolución técnica y la victoria 24

A finales de los noventa, Ford y M-Sport tomaron una decisión audaz: diseñar desde una hoja en blanco el coche que definiría la nueva era del Mundial, el Ford Focus WRC. Con motor transversal, una rigidez estructural sin precedentes y una aerodinámica esculpida al milímetro, el Focus supuso un salto cuántico hacia el automovilismo moderno.

Además de sumar 44 victorias en el WRC a lo largo de sus evoluciones y dos títulos mundiales de constructores, aquel coche de carreras fue el embrión directo sobre el que Ford construyó el carácter dinámico de sus Focus RS y Fiesta ST de calle.

Para llevar a cabo aquella misión técnica, Malcolm Wilson recurrió a la mente más rigurosa del parque cerrado: Carlos Sainz. Su meticulosidad quirúrgica para la puesta a punto y su capacidad para transmitir a los ingenieros cada vibración del chasis fueron determinantes para transformar el Focus en una máquina ganadora.

Carlos llevó al Focus a lo más alto en pruebas de pura dureza como el Rally de Chipre del año 2000 y, de manera muy especial, en el Rally de Argentina de 2002.

1.- Rally de Chipre 2000: La primera edición mundialista en la isla mediterránea fue un horno a más de 40 grados con pistas cubiertas de roca viva. Carlos se colocó líder desde el primer tramo y dictó el ritmo de principio a fin, administrando la mecánica con precisión para regalar al Focus uno de sus triunfos más duros.

2.- Rally de Argentina 2002: La victoria número 24 de Carlos en el Campeonato del Mundo y una de las batallas más recordadas de la historia del certamen. Tras un fin de semana brutal cruzando los crecidos vados de Mina Clavero y El Cóndor con el agua saltando por encima del capó, la carrera se decidió en un desenlace insólito: Marcus Grönholm y Richard Burns, que marchaban por delante, fueron descalificados. La regularidad implacable de Carlos y la solidez del Focus le otorgaron un triunfo legendario que lo consolidó en el olimpo histórico del WRC.

Ford Raptor T1+: El desafío indomable del desierto

Cuando Carlos Sainz aterriza en un proyecto nuevo, los ingenieros saben dos cosas: que van a fabricar un coche ganador y que no van a dormir ocho horas seguidas en meses. Tras proclamarse tetracampeón del Dakar, el madrileño no buscaba un retiro dorado, sino el reto más complejo de la disciplina: crear una máquina ganadora desde un folio en blanco junto a Ford Racing y sus viejos cómplices de M-Sport.

Esa minuciosidad insaciable dejó una de las imágenes más emotivas del proyecto en el desierto marroquí: Carlos invitando a su hijo, Carlos Sainz Jr., a subirse al habitáculo para rodar juntos sobre la arena. Acostumbrado a la precisión quirúrgica del asfalto de la Fórmula 1, el piloto de Williams bajó del coche asombrado por la violencia con la que aquel prototipo devoraba socavones del tamaño de bañeras.

Ford Puma Rally1 (Presente): La bestia híbrida ruge en Asturias

El hilo temporal de esta historia no se cierra en un museo, sino con el casco puesto en las carreteras de Pravia, Salas y Muros del Nalón. Con motivo del Rally de Asturias Histórico: Carlos Sainz Tribute, el bicampeón mundial ha vuelto a vestirse con los colores de Ford para ponerse a los mandos del vehículo más avanzado jamás construido para el Mundial: el Ford Puma Rally1.

Con una planta motriz híbrida enchufable que combina el motor EcoBoost 1.6 turbo con una batería de alto rendimiento para entregar más de 500 CV de potencia combinada y tracción total, el Puma Rally1 representa el vértice de la tecnología actual. Veinticuatro años después de su última gran batalla en asfalto con Luis Moya en un vehículo de la categoría reina, Carlos no ha acudido a Asturias en son de exhibición: ha salido a medirse contra el cronómetro en competición real, demostrando que su gen competitivo y su vínculo con Ford siguen tan vivos como el primer día.