Hay días de viernes que engañan en la Fórmula 1. Y otros que, directamente, te enseñan las dos caras de un mismo coche en cuestión de horas. Carlos Sainz vivió uno de esos en Gran Premio de Japón 2026: un Williams capaz de asomarse a la zona media… y, al mismo tiempo, de perderse en cuanto la gasolina entra en escena. Porque sí, hubo brotes verdes. Pero también un jarro de agua fría.
El madrileño no escondió la realidad tras bajarse del coche: «Ha sido difícil sacar rendimiento, pero al final los dos coches no parecían ir demasiado mal en tandas cortas».
Y ahí está la clave del viernes. En bajo combustible, en ese ensayo de clasificación que define los sábados, el FW48 dio señales de vida. Más cerca del grupo, más metido en la pelea. Lo suficiente como para pensar en una Q2… o incluso algo más si el caos habitual del pelotón se alinea.
El espejismo del sábado… y la cruda realidad del domingo
El problema es que la Fórmula 1 no vive solo de vueltas rápidas. Y cuando Williams llenó el depósito, todo cambió. «En cuanto pusimos gasolina e hicimos tandas largas, el ritmo de carrera fue bastante terrible», reconoció Sainz sin rodeos.
No fue solo una sensación. Fue un golpe. Porque después de ver cierta competitividad en bajo combustible, el español esperaba que ese rendimiento tuviera continuidad. No ocurrió. «Pensaba que se trasladaría a tandas largas, pero no fue así. El ritmo con mucho combustible no fue bueno, incluso peor que en China»
Ahí es donde el equipo de Grove vuelve a tropezar con su mayor lastre: un coche que sigue penalizado, especialmente en condiciones de carrera, donde el sobrepeso y la degradación pasan factura. Suzuka, además, no perdona.
Aun así, Sainz intenta agarrarse a lo positivo, que existe: «Al menos es buena señal que podamos mezclarnos en la zona media con poco combustible». Una frase que resume perfectamente el momento de Williams: medio paso adelante… y uno entero hacia atrás.
Suzuka, energía y un sector 1 que ya no es lo que era
Más allá del rendimiento puro, el viernes también dejó una reflexión interesante sobre la naturaleza actual de la F1. Especialmente en un lugar tan icónico como el primer sector de Suzuka. Las míticas enlazadas ya no se atacan igual. «Estamos usando solo el motor de combustión ahí. Todos los equipos guardan batería para las rectas», explicó Sainz.
El resultado es un tramo menos espectacular, más condicionado por la gestión energética que por el ataque puro. «No es un desastre, pero no es lo que debería ser la F1. Hay margen de mejora». Una crítica sutil, pero significativa, a una categoría cada vez más marcada por la eficiencia.
Vía – caranddriver.com